Mi primera vez sin móvil

Un teléfono móvil en un Congreso tecnológico.| Efe
“Las primeras 48 horas son angustiosas pero después sientes un subidón”

Rosalía Sánchez | Berlín

“Para mí era la primera vez y me sentía muy insegura, pero he descubierto que se trata de una sensación bestialmente relajante”, dice Janine, de 16 años, que acaba de pasar la primera semana de su vida consciente sin teléfono móvil. Janine ha participado en un experimento llevado a cabo en su escuela Waldorf de Braunschweig, en Alemania, en el que un grupo de adolescentes han accedido a prescindir de sus móviles durante una semana y después rellenar unos cuestionarios y escribir una narración sobre tan inédita experiencia. “Las primeras 48 horas son angustiosas, pero después sientes un subidón, es como si el día tuviese más horas y comienzas a hacer cosas como loco”, relata.

Janine tiene móvil desde los nueve años y desde hace casi dos maneja un Smartphone del que no se separa ni para ir al baño. “Antes del experimento, no me atrevía a ir a ninguna parte sin el móvil. Día y noche junto a mí. Y constantemente estaba sacándolo del bolsillo y comprobando si alguien me había escrito”, dice. “Por eso al principio tenía miedo, pensaba que no sería capaz de llegar a casa si perdía el autobús o que perdería el contacto con mis amigos, que me sentiría aislada, sola…”, reflexiona.

Conociendo este alto nivel de dependencia de la mayoría de sus alumnos, el colegio propuso el experimento y organizó una etapa previa de dos semanas en las que los chicos fueron advertidos sobre cómo debían prepararse para la etapa de supervivencia, por ejemplo aprendiendo de memoria el número de teléfono de su casa o de sus padres, que a menudo desconocen porque lo tienen grabado en la memoria del móvil o aprendiendo a realizar en la biblioteca del colegio, a través de ficheros, las búsquedas que a diario hacen en Google para completar las tareas escolares.

“La diferencia entre las tareas hechas con Google y en la biblioteca es que me he encontrado con textos muy diferentes unos de otros. De alguna manera, los buscadores de internet tienden a unificar resultados y, al no existir la opción de cortar y pegar, sino la necesidad de hacer revisiones de textos, cada alumno se ha fijado en aspectos diferentes que le parecían más importantes”, explica la profesora de Historia de este colegio de secundaria.

Descubrimientos cotidianos

Pero a pesar de los intensos preparativos, el momento de la separación de los teléfonos tuvo algo de traumático. “Los íbamos entregando y los metían en bolsas de plástico con nuestros nombres, uno a uno, como si fueran cadáveres en un depósito“, recuerda Janine, cuya impresión es que “esta semana ha transcurrido de forma muy diferente a como esperaba. Estaba angustiada ante la idea de estar sin teléfono, pero resulta que he estado más relajada que nunca”.

Según los cuestionarios rellenados posteriormente, lo que más echaron de menos fue el WhatsApp y la posibilidad de escuchar música en la parada del autobús. Algunos han reconocido que por primera vez se han fijado en que viajan a diario con vecinos que van al mismo colegio de cuya presencia en el autobús ni se habían percatado. Otros admiten que, cuando llegaban a casa, sustituían el móvil por el ordenador de su padre y quedaban con los amigos por Facebook. “Bueno, es que completamente sin internet habría sido ya del todo imposible”, protesta Janine.

La mayoría anota que ha tenido más tiempo para charlar en casa con otros miembros de la familia, conversaciones en la que los padres de alguno de ellos les han contado que hubo un tiempo en el que los chicos llamaban a la puerta de sus vecinos, preguntando si salían a dar una vuelta, y que incluso a veces salían a la calle y compartían juegos o entretenimiento sencillamente con quien se encontraban en su misma situación, pero los chicos escuchan estos relatos con escepticismo. “No creo. Eso lo dice mi padre porque quiere que no esté todo el día colgada del móvil, pero él sería el primero que se enfadaría si yo fuera a casa de alguien sin avisar, mucho menos si mis amigos empiezan a presentarse en mi casa…”, piensa Janine en voz alta.

Ninguno de los participantes en el experimento se considera a sí mismo adicto a los medios y, aunque todos reconocen aspectos positivos del periodo de abstinencia, han recogido de vuelta sus móviles con alborozo y cierta ansiedad. En resumidas cuentas, por lo que se desprende de sus declaraciones, les tranquiliza saber que se puede vivir una semana entera sin móvil, pero no parecen dispuestos a prescindir de él.

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